Saturday, September 23, 2006

SINOPSIS DE NOVELA "EN DÍAS DE INVIERNO BOLIVIANO"

Arica, Chile, finales de la década de los setenta. Alberto Vásquez es mestizo, hijo de padre aimará y madre campesina del sur del país. Sufre la discriminación y la soledad en su escuela, mientras se corre la voz de que Perú invadirá el territorio ariqueño antes de que se cumplan los cien años del asalto y toma del morro. Un compañero de curso, Gustavo Carrasco, también sufre las burlas y menosprecios por su condición racial pero, a diferencia de Vásquez, responde a los insultos con puñetes. Por esta razón su madre lo cambia de colegio.
Al crecer, Vásquez y Carrasco mantienen amistad. El país vive los sinsabores provocados por la dictadura de Pinochet. El padre de Carrasco comienza a prosperar económicamente, según dicen, por causa del tráfico de droga. En ese tiempo, cuando ambos van en séptimo básico, el amigo de Vásquez se enamora de Ivonne, su ex compañera de curso. Le dice a Alberto que le lleve cartas anónimas que él redacta por las noches. En la gran encrucijada, pues Vásquez también está enamorado de la misma chica, éste comete la gran traición de su vida: hace pasar a su nombre las cartas de su amigo.
Años después se encuentran, específicamente en el año 1988, cuando el país vive uno de los procesos más complejos de su historia. Se encuentran en una reunión clandestina; Carrasco lidera un movimiento secundario de carácter revolucionario que propugna la reivindicación de los pueblos indígenas. Juntos viajan a Tacna a entrevistarse con revolucionarios maoístas, cruzan el altiplano trayendo armas, redactan un itinerario de transformaciones sociales, apoyan la salida de Pinochet mediante protestas y publicaciones secretas, viven el romance de las revoluciones.
La novela termina con la reflexión nostálgica de Vásquez, diecisiete años después del asesinato de Carrasco en manos de la CNI y cuando vive en Santiago, lejos de toda lucha, casado con Gianina, segunda del movimiento secundario. Es reconocido en un acto por un par de colegialas (quienes en una antigua foto le ven a un costado de Carrasco) e invitado a liberar un discurso sobre el movimiento, cuya historia casi secreta en los anales de la historia, es rescatado por un grupo de dirigentes estudiantiles santiaguinos. Son ellas las que le convencen a contar su experiencia con la declaración: “los sueños no mueren, sólo invernan, esperando el momento de un nuevo sol”.
Puedes pedir esta novela en formato digital en el email: robertoflores77@hotmail.com

EL PREDICADOR (Fragmentos de novela)


- A veces he pensado que Dios no existe, que todo es una bonita invención del hombre para sentirse seguro en medio de sus miedos y fracasos.
- No puedes comprender una realidad espiritual y sublime con los ojos de la razón...
- Claro. Esa es la respuesta que todos los ministros de Dios pueden dar cuando alguien quiere cuestionarse su existencia. Y todo queda ahí, como un tema prohibido que no se puede tocar. ¿Y qué si Dios no existe, si todo fue creado por una fuerza activa?
- ¿Y el amor, lo que sientes, lo que viviste algún día en el Espíritu, los milagros que comprobaste de parte del Padre?
- Puede que todo haya sido psicológico, cuando creí ver ángeles, maná del cielo y demonios. Puede que el amor sea una mezcla de sentimientos, razón y voluntad y puede que los milagros no sean más que coincidencias. Quizás si yo no hubiese orado por los enfermos, éstos igual se hubieran mejorado.
- ¿Puedes tú explicar cómo se forma un feto dentro del vientre de su madre? Es imposible. ¡Cuánto más difícil será explicar las cosas espirituales a la luz del intelecto!
- ¡Y dale con lo mismo, Angelón! Es cierto, un día creí en Dios, en su amor. Es más, cuando me encontraste aquí pedía una respuesta. Pero eso no quita esta realidad amarga: mi vida es un desastre. Mi esposa me dejó, mi capilla se incendió, caí de la gracia y aunque he orado, ayunado, leído la Biblia, todo sigue igual. Por más que me he dado a mí mismo el mundo se me cae en pedazos sin poder evitarlo. Ya casi nadie asiste a los cultos. Mi existencia es un desastre, y tú vienes a hablarme del gran amor de Dios. ¿Esto es amor? ¿que siempre haya tratado de agradar al Maestro, que haya dado todo de mí, aun lo que no tenía, tratando de amarlo a él y a mis hermanos, y de pronto verme solo frente a la vida, deslizándome por el pecado y rogar, y clamar, y pedir a Dios que me ayude y él, de lejos, me dé la respuesta de un silencio enfermante y odioso? No. Algún día quiero dejar de estar subyugado a esta disciplina. Algún día quiero ser normal. Dejar de preocuparme del prójimo y vivir para mí. Saber lo que es el mundo, dejar de orar y vivir en completa libertad; dejar de escuchar la odiosa voz de Dios que me dice: “No hagas esto porque es pecado”. Estoy harto de Él y sus instituciones.
- No puedes ser tan ingrato. ¿No fue él quien te rescató del fuego cuando tu capilla se incendió, no te sanó cuando te enfermaste de tuberculosis?
- ¡Mejor hubiera sido que me haya muerto! ¡Esto no es vida! ¡Me voy de aquí! ¡Quiero partir lejos, donde nadie me conozca y hacer lo que yo quiera, sin preocuparme del testimonio y del “qué dirán”!
- Malaquías, ¿a dónde irás, si no conoces el mundo? (...)