Wednesday, November 14, 2007

HOMENAJE A RIVERA LETELIER



Muy pocas veces en nuestras existencias tenemos la posibilidad de interrelacionar con los hombres y mujeres que hacen historia. Ésta parece lejana a nosotros; estamos social y culturalmente alejados del escenario, extrañados de quienes la escriben, exiliados aún más del sueño de ser protagonista de ella. Pocas veces, también, dichos eslabones de la historia nacional tienen la grandeza de acceder a invitaciones de grupos humanos sin que medie la existencia de ciertos intereses llámense económicos, políticos u otros.

Hoy tenemos en medio nuestro a uno de aquellos de los grandes. Y, como tal, puede hacerse el tiempo para estar en los escenarios de la literatura mundial y entregarnos un poco de su tiempo.

El pueblo es el espacio desde el que forja su personalidad y emergen las letras de su narrativa única, emparentada en cuanto a génesis y producción con figuras de la talla de Nicomedes Guzmán o Manuel Rojas – otros autodidactas-. Pero nuestro visitante no se queda en el plano de la narrativa social, exclusivamente. Como los grandes de la narrativa nos lleva a las profundas problemáticas humanas, como lo hace la buena literatura. Quizás en este detalle se explique su universalidad, el porqué ha sido traducido a cerca de una decena de idiomas y sus libros lleguen a rincones tan disímiles. Quizás la pampa es solo el envoltorio, una especie de pretexto, así como la selva en García Márquez, o Lima en Mario Vargas Llosa, de un ser humano que es único, que deambula en busca de respuestas. La literatura no las tiene, seguramente, pero sí una enorme batahola de preguntas y sugerencias, las mismas que bellamente se perciben con perfume de poemas en la narrativa de nuestro invitado.

Bienvenido, Hernán Rivera Letelier.
(Discurso liberado el lunes 5 de noviembre con motivo de la visita de Hernán Rivera Letelier al Colegio San Carlos de Aragón, ocasión en la cual se bautizó Biblioteca escolar con su nombre)

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