Tuesday, December 04, 2007

PALABRAS PRELIMINARES



“Los Organismos” es una recopilación de cuentos que escribí en la época en que era un liceano, tiempo en el cual empecé a interesarme por los escritores del Boom latinoamericano y algunos cuentistas clásicos – en la acepción genérica, no artística del término- de la estatura de Antón Chejov y Frank Kafka. Nunca sentí con demasiada intensidad la idea de compartir mis escritos aunque, debo reconocerlo, traté de ostentar el título de escritor para bombear con cierta justificación ese inquieto globo llamado ego. La idea era escribir, ganar concursos, ser popular, pero evitar ser leído. Eso producía (aún lo sigue haciendo) una especie de pudor, esa misma vergüenza que nos arrecia cuando husmean en nuestras intimidades o de manera casual nos descubren en actos o costumbres que, sin ser groseros u obscenos necesariamente, son parte de los juegos y travesuras del niño que llevamos dentro.



Por su parte, “Cuentos Pentecostales” es una familia de relatos que surge después de dos o tres años de ayuno literario. En éste quise reflejar con tono crítico pero misericordioso, el extravagante, singular y genial mundo de los evangélicos, rico en historias sorprendentes de milagros, exorcismos y portentosas hazañas de próceres de la fe, temática con muy pocos precedentes dentro de la literatura latinoamericana y que constituye, por tanto, material suficiente para eventuales entregas, posteriores a ésta.

Ambos libritos constituyen “La Calle es Libre”, colección de relatos que me atrevo a presentar a ustedes en este volumen. En él dejo entrever, así como por persianas o cerraduras de las puertas, el anhelo legítimo de libertad que molesta en cada uno de nosotros.

Determinados regímenes, llámense políticos, religiosos, culturales u otros, tienen la facultad absurda de reprimir esa búsqueda, - la cual es inentendible si no existiese la constante expresión del alma que se traduce en el verbo, la corchea o el rayón- . Sin embargo, y pese a la cólera de los autócratas gobernantes de aquellos regímenes, este bichito es asombrosamente escurridizo y, tarde o temprano, fraguado y preparado por los golpes recibidos en el trayecto, espera a manos abiertas y con los brazos duros, venosos, fortalecidos, el botín preciado: la ansiada libertad.

Lejos de pretender instrumentalizar la literatura con el fin último de hacer prosélitos de modo inescrupuloso (me adelanto a los hechos y me atrevo a vaticinar que, una de las críticas a esta entrega será este “panfletarismo descarado” de la causa evangélica), creo que la literatura no admite ser usada, pero si ser amada; todos arte debe ser visto desde esta perspectiva para ser eficaz; no obstante, esta esposa posee, al igual que toda manifestación artística, un compromiso con el hombre, el tocar fibras microscópicas, el desnudarnos y conmovernos frente al cosmos – visto desde una lupa u observado tras un telescopio- y recordarnos lo que somos: un ser que necesita reposar del mucho hacer y que imperiosamente debe volver a su lugar.

Es lo que anhelo en cada una de estas líneas, entre ellas y las que los lectores puedan armar a partir de éstas. Disculpadme si no lo logro a cabalidad.

Sinceramente.


Arica, enero 2000.

(Prólogo a "La Calle es Libre", primera publicación de Roberto Flores Salgado).

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